La vendedora de flores

Ella no sabía que era la musa, pero el maestro la conocía muy bien. k

concesiones como la sustitución de alfombras por pisos de cerámica decorativa; adaptaciones al clima tropical de la península, .

Cambiaba el siglo y en las calles del centro se apreciaban crinolinas y sombreros, se paseaba en calesa, se hacían traer muebles de Europa por barco y los hijos pasaban temporadas en España u otro país del Viejo Continente. No podía faltar pues, un teatro a la altura de las aspiraciones de entonces. Así en 1908, no muy lejos de la Plaza Grande (el zócalo), se terminó de construir el Teatro Peón Contreras. Su arquitectura ecléctica seguía las corrientes europeas, con cuatro niveles bajo un domo pintado en delicadas musas griegas y un candil monumental de estilo francés imperial.
Contiguo al teatro se creó el Parque de la Madre, con la reproducción de La Maternidad, obra del escultor francés Alfred Lenoir, trabajada en mármol de Carrara. La pieza en Mérida es una copia realizada por su hijo e inaugurada en 1928.
Basta caminar por el centro para descubrir otros ejemplos de edificios afrancesados ; entre ellos el lujoso hotel boutique Mansión Mérida, que luce impecable frente al Parque Hidalgo.
El propio Palacio de Gobierno fue construido a fines del siglo 19 y aunque es algo más austero en su arquitectura, éste aloja el elegante Salón de la Historia, donde el muralista Fernando Castro pintó en los años setenta magníficos trabajos que relatan la opresión bajo la que vivió el pueblo maya desde tiempos de la conquista.
Para disfrutar el sabor de la Bella Época de Mérida, hay que probar la célebre gastronomía yucateca, producto de la fusión de recetas europeas con la maya, como el queso de bola neerlandés, relleno de una docena de ingredientes. También hay que saborear un helado o dulce de la Sorbetería Colón, cuyas recetas trajo de España su fundador, Don Vicente Rodríguez, en 1907.


Mérida es una invitación a retroceder en el tiempo y aunque por las calles ya no se camine de sombrero y traje queda el testimonio de un pasado que no hace sino provocar nostalgia y asombro.

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